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Yamile - Danza del vientre

Historia de la danza del vientre



   
La danza es una de las más antiguas de las bellas artes. El instinto rítmico se percibió en el humano aún antes de reconocer el mundo exterior lingüísticamente.

   Los pueblos originarios han incluido a la danza en todos los sucesos importantes de su vida, ofrendas, sacrificios, rituales, fiestas de casamiento, de circuncisión, los funerales, la caza, la guerra, la enfermedad, la siembra y la recolección. Incluso era respetada por la casta sacerdotal y respaldada por la los lazos que crea la transición generacional. Incluso la desnudez tenía entre los egipcios un sentido religioso.

   En algunas antiguas civilizaciones se pensaba que la fertilidad humana estaba directamente relacionada con la tierra. A las mujeres, creadoras de vida, se les atribuía poderes mágicos. Las danzas que representan la caza, expresan los peligros o la falta de suerte a los que está expuesto el cazador, al igual que la danza de la madre expresa el afán materno por su hijo. Las danzas de la guerra y las rituales aparecieron tardíamente cuando el humano empezó a transitar por conflictos bélicos y a adorar a sus señores. En los bailes con espadas en un funeral o un matrimonio, se simboliza el dominio a través de las armas, con la finalidad de proteger al novio o al difunto de sus enemigos.

   Como toda danza ritual, la danza del vientre representa algunos animales y los cuatro elementos de la naturaleza. La serpiente (animal sagrado en el Antiguo Egipto), el camello, el halcón, el chacal. La tierra se refleja en el contacto de los pies descalzos en el piso, el fuego en la vibración de la cadera, el agua en el pecho y el aire en los movimientos de brazos y manos.

   Lamentablemente, con el triunfo del Islam, el judaísmo, el cristianismo, en resumen, con el auge del monoteísmo, la danza del vientre pasó de lo sagrado a lo vergonzoso, y se desvirtuó absolutamente la capacidad estética, expresiva y espiritual de las bailarinas.

   Aclaremos que es conveniente hablar de danza del vientre y no de “árabe” u “oriental” por lo siguiente: el vientre figura el centro físico y espiritual de las personas, además, el término “árabe” es incorrecto porque en nuestra danza intervienen elementos que provienen de culturas distintas o anteriores a aquella, como la faraónica, la fenicia, la turca, la nubia o la beréber. Tampoco la llamaremos “oriental”, puesto que oriental es también la danza india, china o japonesa.

   La danza del vientre puede ser considerada la danza clásica del mundo árabe, puesto que amalgama los estilos musicales y los movimientos de cada uno de sus pueblos; se diferencia de la occidental en que todos sus movimientos tienen un origen étnico definible y una historia, un porqué, proviene de hombres y mujeres de otros tiempos pero de la misma cultura, por lo que no se requiere una técnica muy estricta, sino que surge del sentimiento y no de la razón. Es una danza que se encuentra a medio camino entre el folclore y la creación individual, porque a pesar de que hay en ella una estructura básica definida, hay un componente clave de improvisación, arribando a un equilibrio entre la regla y la libertad, fomentando la creatividad de las bailarinas.

La danza en Egipto



        
Egipto, por su propia fuerza histórica, ha difundido entre sus vecinos sus descubrimientos artísticos. Conocemos el amor que profesaban hacia la música, y los instrumentos más utilizados por ellos eran el arpa, el rabel, los instrumentos de viento y los adufes. Sonaban para acompañar las fiestas de desbordamiento del Nilo, las celebraciones de la cosecha, las de la coronación, los desposorios y la circuncisión. La música de carácter funerario se debía a su creencia en lo efímero de esta vida, y en el segundo encuentro luego de la muerte, y la danza era la protagonista en estas celebraciones.

        Se conservan bajorrelieves y pinturas en museos europeos que representan escenas de danzas. Hay algunos cuyo origen se sitúa en el Antiguo Egipto conde podemos apreciar la danza del vientre ligada a rituales festivos, muchachas cantando, golpeándose los muslos, danzando y chasqueando los dedos para seguir el ritmo de la música (costumbre que ha evolucionado hasta la utilización de unos pequeños instrumentos musicales que se colocan en los dedos y se chocan entre sí al son de la música, se denominan saggats o crótalos). Encontramos también en el museo de Brooklyn en Nueva York una muñeca de barro que muestra un movimiento de baile, y que se estima que pertenece al 4000 aC. Seguramente, esta pieza esté relacionada con ceremoniales míticos ligados a la magia que se utilizaban para alejar las enfermedades, la envidia y los espíritus malignos, con la ayuda de la danza. Esto abona la teoría de que probablemente existiera este baile aún antes de la época faraónica.

   Con respecto a la mujer, existen pruebas del interés de la misma en este período por los adornos y el embellecimiento, que la condujo a fabricar joyas y collares de barro, a extraer de las piedras polvo para maquillar, a perfilarse los ojos con antimonio, a confeccionar pelucas de trenzas, a utilizar perfumes. Estos fenómenos, traducidos en las paredes de los templos y de las tumbas, demuestran el grado de refinamiento alcanzado por la mujer egipcia. Asimismo los antiguos egipcios conocieron el tatuaje, al que le conferían una dimensión religiosa muy especial, y se sabe que las bailarinas tatuaban a sus dioses (como el Dios enano Bes, ridículo y feo) en diferentes partes de su cuerpo para rendirles culto. Se han hallado incluso momias con restos de tatuajes que representan formas geométricas, peces que simbolizan la procreación, pájaros verdes relacionados con la paz, lunas crecientes de la fertilidad, etc.

        Ya mencionamos anteriormente, que se ha demostrado que los orígenes de la danza se remontan a la antigüedad en Egipto. Ahora bien, Shokry Mohamed nos cuenta en su libro “La mujer y la danza Oriental” que gracias a los restos arqueológicos, pinturas, etc, se ha deducido que en sus cimientos, la danza podía dividirse en cuatro grupos: las sagradas, las laicas, las oficiales y las populares.
Las danzas sagradas eran las que se organizaban en honor a algún dios. Cuando se celebraban fiestas religiosas, las bailadoras realizaban juegos acrobáticos, realizando entre todas formas geométricas.
Los bailes laicos se organizaban, al contrario, en el seno social (bodas, banquetes, fiestas para recordar a los muertos y mantenerlos alegres en sus tumbas, etc.)
Las danzas oficiales estaban a cargo del rey o sus súbditos religiosos, sacerdotes y sacerdotisas y en general giraban en torno a un gran dios; en estas danzas actuaban enanos, con la función de recordar al ya mencionado dios Bes.

Las danzas populares o civiles eran las que se celebraban en palacios y casas, que eran ejecutados por hombres y mujeres que estaban al servicio de los señores de las grandes mansiones.
Es importante destacar que existía una danza llamada “la estrellada”, la más antigua del período faraónico, una danza de templo, con movimientos circulares en torno a la piedra sagrada de los sacrificios, pues se pensaba que dicha piedra representaba al sol, eje del universo y de los astros. Se podría sugerir de las danzas sufíes actuales son una prolongación de aquellas, teniendo la finalidad éstas últimas de entrar en trance.

La danza en la era copta y en la era musulmana


   Se han hallado diversos tipos de danza representadas en los restos arqueológicos coptos, entre los más importantes encontramos varios tejidos de lana, datados en el primer siglo de la era cristiana. En ellos aparecen mujeres ejecutando un tipo de baile con un marcado estilo griego.

   Más tarde, durante la era musulmana, la danza se tornó más estricta, evitándose la desnudez de los danzantes, era una danza menos “provocativa”. Después de este período se dificulta el seguimiento los estadios de la danza de oriente; se dejó de escribir acerca de ella, retornado a los libros recién para los siglos XIII y XIX, fundamentalmente en las descripciones de los extranjeros que viajaron a Egipto por aquellos años. Luego, nuestro arte siguió camino hacia su degradación, ya que incluso lo escrito durante el S XIX considera a la danza como algo vergonzante, de mal gusto.

   Con respecto a las danzas coptas, existen pruebas fundadas en imágenes de templos y tumbas de que la danza del vientre aún se seguía bailando en el período estudiado, es decir, hay influencia de los bailes faraónicos en este lapso. Estas pruebas nos permiten considerar que se trataba de una danza sumamente rica, con aspectos contradictorios y complementarios, pues se oscila entre una incitación al libertinaje (la desnudez por ejemplo) y representaciones de ritos funerarios, incluyendo lloronas en dichas celebraciones. Se añade a lo anterior el alicante del rasgo mágico en ciertos retratos, con bailarinas convulsionándose y retorciéndose al son de los panderos, los adufes y los crótalos, para reencarnar en un nuevo cuerpo. Y por último, se percibe la presencia de equilibristas en diversas clases de fiestas. Por consiguiente, deducimos que es muy probable que estas manifestaciones se deban a la intención de respetar antiguos ritos religiosos que todavía permanecían vivos.

   En el período musulmán encontramos bailes más sobrios, una serie de danzas tradicionales mixtas, con vestimentas poco exuberantes y movimientos delicados. Sin embargo, a su vez, existieron al mismo tiempo otras escuelas de danza que enseñaban una danza vacía, abocada a la mera excitación de los sentidos.

La danza llega a Occidente


   Muchos aspectos de la danza oriental fueron llevados a Occidente durante el S IXI, mediante cuadros y esculturas de la autoría de artistas occidentales inspirados en estos singulares movimientos, y sobre todo en la atmósfera generada en torno a estas manifestaciones; la existencia de bailarinas en el harén, los mercados y los baños públicos era inusual para los pintores e investigadores occidentales, que provenían de un continente donde el baile se contemplaba en escenarios. Así, el público occidental se fascinó con la danza, y este hecho generó un marcado incremento en el turismo , a la vez que el deseo de mujeres europeas, latinoamericanas, norteamericanas y japonesas de aprender a sentir la magia de este baile, y de todo lo ligado a él, como el canto, los tatuajes, la novela, los perfumes y los cosméticos orientales; y en muchos casos numerosos grupos de mujeres interesadas han viajado a Oriente para embeberse de toda esa cultura y para tomar clases con profesionales nativos, apuntando luego a divulgarla en sus países de origen. A su vez, los pintores y escritores orientalistas incluyeron en sus obras el análisis del baile, el canto, el idioma y las costumbres de la mujer oriental desde la Antigüedad.

Intercambios con otras regiones



La danza no es estática, está sujeta al dinamismo del hombre, por lo que sabemos que viajó con las esclavas que iban de oriente a occidente y viceversa, y siguiendo las conquistas musulmanas llegó hasta Al Andaluz. Tanto la danza como la música y la poesía se transmitieron en los palacios de Granada, Córdoba y Sevilla. Aclaremos que durante este período hubo un fenómeno de intercambio cultural entre Egipto, Bagdad y otras ciudades andalusíes.

Además, las repercusiones de la cultura egipcia sobre civilizaciones mediterráneas como la griega y la romana alcanzaron todas las facetas del arte, y la danza no estuvo sólo no estuvo excluida, sino que fue una de las más destacadas. Del mismo modo, la danza del vientre se vio afectada por matices de otros pueblos, ajenos a ella en sus orígenes. Así, contiene elementos africanos (a raíz de la ocupación etíope del sur de Egipto), otros persa, macedonios de la época de dominación griega, e incluso beréberes (los magrebíes y beduinos llegaron en repetidas oleadas migratorias), sin olvidar a los árabes, turcos somalíes u otomanos y mamelucos. De todas formas, estos aportes no atentan contra los antiguos orígenes faraónicos de la danza, sino que la abonaron para que posteriormente surgieran otros

La esencia de la danza y sus desvíos

   
   La clave que permite reconocer a las auténticas bailarinas es la expresión del cuerpo, su capacidad para establecer una comunicación anímica entre su ejecutante y los espectadores. Hay un palpable valor espiritual que puede trasmitirse a través de esta danza: la danzante puede exteriorizar cualquier sentimiento sin gestos o insinuaciones grotescas. En su danza están encerradas la profundidad de los proverbios y las mayores paradojas: dolor, amor, esperanza, alegría, reto, liberación y gritos de libertad, el amor y el odio hacia el hombre oriental, la tristeza, la alegría, la inocencia, la rebelión, la docilidad, el perdón, el rencor, los celos.

   Las bailarinas genuinas consiguen la brillantez sin enseñar todos sus encantos, cuanto más real es su manera de bailar, más directamente llegará al público. La exagerada actuación no es para nada beneficiosa para el mantenimiento de la fidelidad hacia la naturaleza de esta danza, aunque sí tal vez para aquellas ejecutantes que persiguen objetivos exclusivamente monetarios sin reparar en que su baile responda a los valores espirituales de la danza del vientre.

   Tanto la danza oriental como la occidental se condicen con la psicología y la cultura de los pueblos a los que pertenecen. El baile moderno occidental es muy repetitivo e insiste en los mismos movimientos muy rigurosamente, la danza oriental se basa en una expresión danzada mezclada con los sentimientos, produciéndose si la bailarina está realmente inmersa en la música una hipnosis que la envuelve a ella y a su público. Sin embargo, hay bailarinas que se consideran profesionales, pero que son un insulto a la belleza de la danza, que bailan altaneramente, o se aceleran sin reparar en el ritmo musical, o se obsesionan con su apariencia. Por suerte, existen muchas bailarinas que honran la danza, transmiten dulcemente la hermosura de los movimientos y la profundidad de los sentimientos que afloran en una presentación; siendo posible aún que sin traje y al son de cualquier música logren efectos igualmente asombrosos.

 

Elementos de la danza del vientre

  
      Según un trabajo realizado por la catamarqueña Susana Bulacio (bailarina, ex alumna de Amir Thaleb, actriz y actual directora del Instituto Superior de Danzas árabes y Orientales en Catamarca) e información proveniente de otras fuentes en las que he incursionado, tenemos aquí una breve alusión al significado de la utilización de ciertos elementos en la danza oriental; con respecto al último apartado (el cántaro), las especificaciones corresponden al ya mencionado historiador de la danza oriental Shokry Mohamed.

 

   EL VELOElementos de la danza del vientre: Velo

         Danza del velo: Hay muchos orígenes en la introducción del uso del velo en la danza oriental contemporánea. Después de los períodos griego y romano, parece no haber documentación de danzas con velo en el Medio Oriente o en el Norte de África, tanto en la literatura como en el arte. A finales del s XIX y principios del XX hubo numerosos fotógrafos que retrataron a mujeres bailando con lo que parecen pañoletas y fulares, pero muchas de esas fotografías eran posados que tenían más de imaginación del fotógrafo que de documentos históricos; sin embargo, algunas de esas fotos efectivamente muestran mujeres bailando; había una forma de danzar con velo durante este período en el norte de África, no era el tipo de danza con velo que se vería mucho más tarde en los teatros de danza Oriental, y su uso no era como el que ahora podemos ver en el baile (la danza de Pañuelos, y la danza del Mantón, eran danzas repetitivas y enérgicas, sin el grad de estilización que tiene la danza de velo actual). Sin embargo, la danza de velo como se la conoce actualmente, se remonta a la época en la que este baile comenzó a mostrarse en los amplios escenarios (aproximadamente 1940).
El velo en la danza, no tiene nada que ver con su significado religioso.
Es un elemento muy sensual, la bailarina lo utiliza para cubrirse y descubrirse, y se realizan figuras muy atractivas con el mismo, que requieren una técnica específica. Además, existe la danza con doble velo, con velo partido, y la famosa danza de los siete velos.

 

  EL BASTÓNElementos de la danza del vientre: Bastón

     Danza del Bastón: Suele bailarse con el ritmo saidi. Originalmente es un baile egipcio folklórico, al incorporarse el uso del bastón en la danza del vientre, se han incorporado movimientos básicos de la danza oriental y pasos más folklóricos.
Se dice que el bastón representa el cetro de poder que llevaban los monarcas faraónicos; o que deriva del arte marcial con que se defendían los campesinos en la antigüedad.

 

   LA SERPIENTEElementos de la danza del vientre: Serpiente

    La Serpiente: La odalisca baila con una serpiente de metal (muchas veces de oro), un animal que era considerado sagrado y símbolo de sabiduría.
 

 


 

   LOS CHINCHINESElementos de la danza del vientre: Chinchines

    Chinchines: Son platillos de metal. Se tocan con el dedo mayor y pulgar, acompañan los ritmos musicales y permiten manifestar la habilidad de la bailarina al bailar tocando un instrumento.
En tiempos anteriores a la civilización egipcia la danza era acompañada por palmas o chasquido de dedos. Los crotalos de metal son una prolongación de aquello.
 

   EL CANDELABROElementos de la danza del vientre: Candelabro

    Candelabro o bandeja con velas: La luz de las velas siempre se relacionó con lo sagrado. Esta danza probablemente provenga de los antiguos ritos que se llevaban a cabo en los templos de la etapa Faraónica.
Suele utilizarse en entradas, especialmente en festividades como bodas, conservando aún el sentido de la iluminación mística para la pareja.
La bailarina preside el cortejo de los novios; se desarrolla sobre el ritmo Zaffa, y puede ser acompañado por chinchines. Antiguamente las bailarinas no colocaban las velas sobre la cabeza, sino que imitaban al candelabro sujetando las velas alrededor de sus ropas.

 

   LA PANDERETA

     La Pandereta: es siempre usada con sentido de conmemoración, de alegría Elementos de la danza del vientre: Pandereta

y de fiesta.

 

 

   LA DAGA
Elementos de la danza del vientre: Daga
     La Daga: representa la muerte, la transformación . Era una reverencia a la Diosa Selkis, la reina de los escorpiones. La bailarina entra con la daga escondida y en medio de la danza la revela bailando siempre envuelta por un aire de misterio.

 

   EL SABLE

     Sable: Según algunos investigadores, se trata de una danza en homenaje a la Diosa Neit, Elementos de la danza del vientre: Sablemadre de Ra (dios del Sol). Por una diosa guerrera, simbolizaba la destrucción de los enemigos y la abertura de los caminos. La danza de la espada también podía ser realizada como homenaje a Maat, la Diosa de la Justicia. En contraposición, otros autores sostienen que se trata de un invento de los pintores orientalistas (como Gerome), y que las bailarinas se inspiraron en esas pinturas para crear esta danza. Otros, aseguran que las mujeres cuando bailaban en bares, les quitaban a los guerreros las espadas para bailar, o que danzaban para festejar batallas ganadas cuando sus esposos guerreros regresaban a casa. Sea cual sea el origen correcto, sabemos que al ejecutar la danza, la bailarina, utilizando un ritmo lento (como el chiftetelli o el masmudi) equilibra el sable sobre la cabeza, las piernas, el busto, o lo apoya en la ropa de danza y realiza algunos otros movimientos como el reboleo del sable, o la danza de piso con sable, los giros con el sable en equilibrio, movimientos que deben ser realizados con delicadeza.
 

   EL CÁNTARO

     El cántaro: tiene relación con el tinte sagrado que recubre históricamente al río Nilo. Elementos de la danza del vientre: CántaroEn el período faraónico se festejaba el día de la fidelidad al Nilo; lo atravesaban con sus barcas repletas de músicos y cantantes, arrojando al agua flores y bendiciones. También arrojaban una máscara, mitad hombre, mitad mujer para que en la próxima estación sus aguas fueran fecundas. Agradecían de esta forma al Nilo las crecidas por las cuales se depositaba en las orillas el limo, que alimentaba la tierra y hacían posible que crecieran las cosechas. Las mujeres salían de sus casas con los cántaros en equilibrio sobre la cabeza caminado hacia los canales de agua y al llegar se reunían con las otras mujeres, cantaban y bailaban. Todos estos comportamientos fueron llevados al teatro dando forma a lo que se conoce como “la danza del cántaro” o “la danza del agua”.

 

Beneficios que aporta la danza del vientre

 

 
¿Por qué practicar danza del vientre?

Independientemente de la vida que llevemos, más o menos sedentaria, más o menos agitada; hay un denominador común en la vida de gran parte de la población urbana, y está compuesto de varios ingredientes: el exceso de responsabilidades, las presiones constantes, la exigencia de dominar el tiempo; dejándonos vacíos de energía y con la sensación de estar “desafinados", nuestro cuerpo en desequilibrio, un instrumento que no está emitiendo la musicalidad que lograría si se encontrara en paz. Podemos afirmar que existen maneras de vencer las barreras inconscientes (y también de lidiar un poco mejor con las contextuales) que impiden un armonioso desarrollo del ser, en tanto unidad física, mental y afectiva indisoluble. Lejos de pretender que la danza del vientre sirva, sin otros elementos que la ayuden, como terapia para ciertas patologías que hacen que el organismo actúe “desafinado”, sí estamos en decir que la danza del vientre puede colaborar en la búsqueda del equilibrio perdido, y que contribuye ampliamente a la conscientización de los mecanismos corporales fundamentales, en especial los del centro de gravedad y de fuerza vital del organismo (que es lo que más se trabaja en la danza del vientre tradicional); proceso fundamental para lograr el autoconocimiento que necesitamos para desenvolvernos en la sociedad.


   Decir que, como bailarina de danza del vientre, puede experimentarse una sensación de poder absoluto tan sólo practicando una suave ondulación, sin siquiera desplazarse por el espacio; parecería, en una primera instancia, una apreciación muy exagerada. Pero, si notamos que esta zona es, además del centro mencionado, donde se encuentran los órganos de asimilación y eliminación, donde se producen las células sexuales dadoras de vida, y finalmente en caso de la mujer, donde se produce la gestación, habiendo sido en algún momento canal de vínculo entre madre e hijo, no es difícil deducir el por qué de esa fuerza, de esa potencia, que da estabilidad, que se nutre de la tierra, que es el centro de poder de ese microcosmos que es el ser humano. Paradójicamente, esta región del cuerpo, que es la central, y con la que debiéramos estar más conectados, resulta ser de las más oscuras en cuanto a la capacidad que tiene el yo para percibirla, para concientizarla; las regiones más perceptibles dentro de la imagen corporal son las manos, los pies, la cabeza; el vientre es una zona que soporta las más comunes represiones y bloqueos, su rigidez está relacionada a actitudes defensivas, con negaciones frente al placer y el bienestar que puede dar un vientre relajado y libre.


  En esta porción occidental de la Tierra que nos toca habitar, desde pequeños, al menos a muchos de nosotros, estuvimos acostumbrados a esa noción de que lo realmente importante era tener brillantes ideas, que la verdaderas cuestiones reveladoras de los misterios de la vida surgían de las funciones intelectuales; y no es que el pensamiento sea un producto despreciable, al contrario, es uno de nuestros tesoros; es que el ser humano, al ser un todo inseparable, un ser completo, no puede desligar el cuerpo del intelecto; una persona madura debe poder conocer su cuerpo, sus procesos, sus limitaciones, sus capacidades, y al mismo tiempo ser capaz de pensar, de reflexionar, de tener una actitud crítica frente al mundo; hoy en día pareciera, y más que nada en esta noción de “virtualización” del hombre, que el cuerpo sobrara en la mayoría de los momentos, que la carne fuera un estorbo en la comunicación con el otro. Particularmente, la práctica de la danza del vientre nos da bases para afirmar que, al comenzar a tener consciencia de nuestro cuerpo, de sus posibilidades de acción, de su “estar en el espacio”, todos, absolutamente todos los valores aprendidos de manera meramente intelectual, se resignifican y toman otra dimensión, porque se los comienza a conocer desde uno mismo, con filtros propios, pero desde un “ser mismo” completo, íntegro, consolidado.

 

  Como sabemos en el mundo oriental, jamás se perdió la noción de “centro” en contraposición a la reivindicación de las funciones intelectuales a la que asistimos en este hemisferio del planeta, al respecto, y citando a Dropsky “es en la unión de la cabeza con sus valores de conciencia y del vientre con sus valores instintivos donde estriba la única posibilidad de una verdadera madurez humana”, agreguemos los factores emocionales, y concluimos en que la danza del vientre puede resultar una excelente catalizadora de estos tres aspectos que constituyen al ser como unidad y una ruta de retorno a la propia naturaleza, que se ve obturada muchas veces por los estilos de vida que llevamos.

Beneficiso psiquicos y emocionales



   Si nos abocamos específicamente a la finalidad de la danza oriental, debemos retrotraernos a la prehistoria y señalar que el objetivo de este baile es hallar la armonía entre el cuerpo y el espíritu, y el medio es la contracción y relajación muscular en la parte inferior del tronco mediante movimientos circulares, a diferencia de otros que suelen centrarse en los músculos de las extremidades. El entrenamiento de la danza del vientre repercute en otras partes del cuerpo, fortaleciendo los músculos del abdomen, la parte inferior de la espalda y en particular la pelvis. Este último punto deja entrever la sabiduría de nuestros antepasados, dado que el movimiento circular de los músculos del abdomen implica una presión interior sumamente útil para el procesado de desechos en el cuerpo humano. Además, la danza tiene una doble función, por una parte nos invade de endorfinas el cerebro y aumenta la dopamina, por lo que obtenemos más relajación natural, y por otra nos hace vencer la inercia de permanecer sin hacer nada.

   Por otro lado, la danza coordina los músculos y los nervios con la mente. Cuando el oído capta la música, tranquiliza, el cuerpo se manifiesta y se fusiona con la melodía o el ritmo desencadena en una sensación sumamente placentera que podríamos llamar felicidad. De hecho, la medicina utiliza actualmente la danza y la música como terapia; y a pesar de que la danza no es capaz de curar muchas enfermedades psicológicas o psiquiátricas, contribuye a curar la depresión, el nerviosismo y la neurosis, patologías corrientes en nuestros tiempos. Ahora bien, volviendo específicamente a la danza oriental, debemos decir si vemos a una bailarina talentosa, notaremos que en esta danza el sonido parece brotar del propio cuerpo, sea una música melodiosa o un ritmo rápido a base de tambores, así, podemos enumerar algunos de los beneficios emocionales de practicar la danza del vientre:

  • Desbloqueos. Provoca el desbloqueo físico, psíquico y mental que induce a generar cambios de actitudes, y a sentir más seguridad ante la vida.
  • Expresión de emociones. Se trabaja con estados anímicos tales como la tristeza, la alegría, la picardía, la dulzura, que se reflejan en el cuerpo, es una danza que es capaz de traducir lo qué sucede en el interior de la bailarina, encontrando en esta forma de manifestación un gran alivio, tranquilidad y armonía.
  • Fomenta la creatividad. Es una danza que valora la capacidad de improvisación, de creación de la intérprete, de la expresión de sentimientos, es un medio para “contar una historia”, valora la espontaneidad, cosa que no sucede en todas las danzas, y mucho menos en la vida social.
  • Ayuda a recuperar la confianza en uno y a vencer viejos miedos. A lo largo de la vida, podemos construir ideas negativas acerca de nosotros o de nuestro cuerpo, generando complejos e inseguridades. Esta danza contribuye a desacartonar nuestro comportamiento, a movernos de manera más natural y sencilla.
  • Realza la feminidad. Ayuda a conectarse con la esencia de lo femenino, y pudiendo a la vez explotar ese poder de seducción, venciendo prejuicios impuestos por la sociedad. El erotismo sólo se encuentra en la mirada del que observa.
  • Ayuda a mejorar la comunicación. El bailar con otros, ya sea en danzas grupales improvisadas, o mismo el sólo hecho de compartir un espacio donde utilicemos este lenguaje corporal, hace que nos desinhibamos y creemos lazos con nuestros compañeros, muy diferentes a los que se crean fuera de ese ámbito.

 

 

  BENEFICIOS FÍSICOS

  • Rigidez. Gracias al trabajo por separado de cada parte del cuerpo como cadera, caja torácica, pecho, hombros, cabeza, etc, permite el desbloqueo, la fluidez y la coordinación; y la eliminación de los conocidos nudos de tensión que se forman ya sea por estrés, cansancio físico, o la carencia de ejercitación de ciertos músculos.
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  • Mejor circulación. Al ejercitar los músculos, éstos necesitan más oxígeno, y el sistema circulatorio trabaja para dárselo, así que el corazón late más rápido, haciendo que la sangre fluya con más intensidad limpiando las células de toxinas y que el metabolismo trabaje a un nivel de regeneración adecuado.
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  • Reducción de la presión sanguínea.
  • Dolores menstruales y aparato digestivo. Se ha comprobado que los dolores amainan gracias a los movimientos pélvicos que masajean la zona haciendo que trabaje mejor internamente, sin necesidad de recurrir a la química. Sabemos también que dichos movimientos ondulatorios, favorecen la eliminación de desechos, dado que ayudan al funcionamiento del aparato digestivo.
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  • Vicios posturales. Hoy en día, debido a ciertos trabajos, tendemos a distraer la postura adecuada creando a la larga problemas serios y con consecuentes dolores. La postura que se mantiene en esta danza elimina los malos hábitos y proporciona mayor flexibilidad en la espalda ya que busca el eje y el equilibrio de una forma relajada y natural.
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  • Evita la artrosis. Armoniza la función de los músculos con los cartílagos y las articulaciones. El ejercicio estimula a estas “visagras” del cuerpo a hacerlas móviles y las alimenta con las lubricaciones naturales del organismo. El llevar una vida sedentaria provoca la pérdida de este proceso natural y la consecuente pérdida de la elasticidad. La danza del vientre estimula el movimiento fluido por el cuerpo, cosa que otras danzas no logran.
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  • Quema calorías. De acuerdo con diversos estudios, la danza quema entre 250-300 calorías por hora.
     

      Por último, señalaremos que los antiguos egipcios tomaron al baile como un deporte, volviendo sus cuerpos más resistentes, superando en muchos casos la esperanza de vida a la de los egipcios contemporáneo.